Opinión

Es la justicia, estúpido

Enero se fue como una exhalación y febrero va por el mismo camino. El año 2017 avanza con una rapidez de vértigo, con nuevos escándalos y viejas realidades.

¿Habremos tocado fondo? ¿Será que ahora sí haremos las reformas necesarias que requieren las instituciones y abandonaremos la demagogia y el cinismo que nos tienen en este laberinto? Tengo mis dudas.

Un poco de historia. En 2005 se produjo una grave crisis en la Corte Suprema de Justicia debido a las acusaciones de venta de fallos. En aquel momento, la generalizada indignación hizo que el entonces presidente, Martín Torrijos, pusiera en marcha el llamado Pacto de Estado por la Justicia.

Tras algunos meses de trabajo, los miembros del Pacto definieron claramente la ruta de la reforma, con acciones concretas, actores y fechas de ejecución. Había un plan para salir del desastre; había optimismo.

El plan de reformas incluía, entre muchas otras, el procedimiento para elegir a los magistrados y procuradores para garantizar su independencia, el sistema penal acusatorio tan mentado estos días, una política criminológica para enfrentar con rigor la delincuencia, o la carrera judicial que sigue sin ejecutarse por falta de unos fondos que nunca faltan para los viajes de los cortesanos.

Desafortunadamente, el expresidente Torrijos no le puso empeño al proceso reformador y casi todo se quedó en el tintero. Y con Ricardo Martinelli vino el desbarajuste, el abuso de poder, la burla al Estado de Derecho, y lo más grave, la indefensión de los ciudadanos porque la justicia trabajó por y para el tirano.

Justamente por ello, la elección de José Ayú Prado nuevamente como presidente de la Corte Suprema con Juan Carlos Varela en la Presidencia de la República, fue un momento de gran desencanto. ¿Cómo se puede explicar que un personaje que durante los cinco años del mandato de Martinelli pasó de fiscal a Procurador y de allí a magistrado presidente de la Corte Suprema de Justicia, haya repetido en el cargo con un Gobierno que prometió adecentar la justicia? ¿Cómo justificar que uno de los nuevos magistrados designados por el Ejecutivo fuera asesor de un ministro, evidenciando la nula voluntad de hacer valer la independencia judicial?

Y aquí empato con el nuevo escándalo y las revelaciones del exministro consejero del presidente Varela y protagonista de los Panama Papers, Ramón Fonseca Mora. Sus declaraciones sobre el proceso de selección del magistrado presidente solo confirmaron lo obvio. Cero sorpresa en realidad; un asunto de columna vertebral... o ausencia de ella. Un asunto de miopía política que, una vez más, dejó esperando a la justicia.

Es imposible ignorar, sin embargo, lo que se ha hecho en materia de investigación en el Ministerio Público. Nunca antes se había sentado en el banquillo de los acusados a tanto sinvergüenza. Pero como sabemos y padecemos, todo pasa por el Órgano Judicial, el reino de Ayú Prado. Y allí, como se dice popularmente, tuerce la puerca el rabo.

La actual crisis va más allá de la justicia, obviamente. Implica a todos los poderes del Estado, a los partidos políticos, los sindicatos, las organizaciones de la sociedad civil, gremios, medios de comunicación, iglesias y, obviamente, los ciudadanos en general. Cada uno de nosotros tenemos un rol que cumplir.

Sin embargo, nada cambiará sino cambia la justicia. La impunidad sustentada en la venalidad de quienes tienen el deber de impartir justicia de forma independiente, oportuna y eficaz, ha llevado al país a la actual encrucijada. Es un momento histórico....uno más de muchos que hemos tenido. Seremos muy estúpidos si lo dejamos escapar.