Avanzamos, "ma non troppo"

Tras dos años largos de acaloradas discusiones, primero en la Comisión de Reformas Electorales y luego en la Asamblea Nacional, finalmente los diputados aprobaron las nuevas reglas del juego político, justo a tiempo para que los magistrados del Tribunal Electoral pongan en marcha el complejo proceso que precede a cada elección general.

Sin duda el tiempo apremia; tal vez por eso los señores magistrados decidieron hacer de tripas corazón y darle su aprobación a las reformas al grito de "hemos avanzado, la lucha continúa".

Es un grito generalizado, sobre todo entre diputados, que intenta enfrentar la decepción expresada por organizaciones de la sociedad civil, que sienten que las reformas perdieron su esencia al pasar por la Asamblea. Pareciera que la palabra "avance" define, explica y justifica todo.

Hemos avanzado, se dice, porque se introdujo el concepto de tope en el gasto de campaña; porque se aprobaron normas relativas a la transparencia; porque se reconoce un mayor peso al financiamiento público, o porque se acortó el período de campaña.

Sin embargo, la cosa no es tan simple. Los topes establecidos constituyen cifran muy altas, lo que provocará que el dinero siga siendo un elemento clave en los procesos electorales. Las cifras-topes son de escándalo: 10 millones de dólares para los candidatos presidenciales y 300 mil dólares para los diputados. ¡Un montón de plata, sin contar con el subsidio estatal!

En el mismo renglón de topes, se incluyeron límites para los montos que puede donar una sola persona (300 mil para presidente, 75 mil para diputado y el 25% de la totalidad de lo donado para cada candidato a alcalde y representante). Sin embargo, conociendo el ingenio local para la picaresca, lo complejo del asunto y la poco diligente institucionalidad electoral en materia de fiscalización, hay razones para el escepticismo.

Otro asuntillo tremendo es el tema de las impugnaciones. El escandaloso y descarado uso de los recursos públicos durante la pasada campaña electoral, fue seguido de una avalancha de impugnaciones y anulaciones que nos permitieron ser optimistas... un rato.

Recordemos que los mismos candidatos a quienes se les probó el uso de recursos del Estado volvieron a participar en las nuevas elecciones, y muchos ganaron nuevamente. Nada raro teniendo en cuenta el arraigado clientelismo, alimentado justamente con los recursos del Estado.

Lo asombroso es que no existía impedimento legal para que los candidatos agarrados con las manos en la masa volvieran al ruedo electoral, para asombro de casi todo el país, incluyendo los magistrados del Tribunal Electoral que presidieron los procesos y decidieron las impugnaciones. Por ello, enmendar ese entuerto era una de las metas de las reformas. Pues no sucedió.

De todas formas, la reforma sería innecesaria. Los diputados saben cómo protegerse y el espíritu de cuerpo se impuso. Si se repite la historia y se producen violaciones a los topes o a cualquier otra regla electoral durante la campaña, la impugnación costará dinero: 50 mil dólares para las candidaturas presidenciales; 25 mil para diputados; 10 mil para alcalde y 2 mil para representante. Con esto, la impunidad parece asegurada.

Y ya que estamos en la sección impunidad, resulta que las reformas dejaron también inalterable el término de 3 años de prescripción de los delitos electorales. Término que, para todo lo sucedido en la vergonzosa campaña de 2014, se cumple el 4 de mayo. Es decir, ya.

Sobre la cacareada transparencia, que establece la obligatoriedad de publicar la lista de donantes 15 días después de la proclamación de los vencedores, la cosa está por verse. Para usar el mantra de moda, se trata de un avance frente a la total opacidad que existe hoy, pero habrá que ver cómo maneja el Tribunal Electoral ese tema y cómo controla el típico juega vivo local.

Finalmente también quedó fuera del alegado avance el tema de la paridad. Para las mujeres que se lancen al mundo nada fácil de la política, el camino seguirá siendo cuesta arriba. Es un mundo mayoritariamente de hombres, y lo seguirá siendo por ahora.

En fin, la cosa avanzó poco, a pesar de los pasos adelante. Lástima. El bochornoso espectáculo vivido en la campaña electoral de 2014 hacía imperante un cambio radical, no solo un avance. No pudo ser.