La Amazonía ecuatoriana, víctima de su propia riqueza

La Amazonía ecuatoriana, una de las más biodiversas de la región, ha sido víctima en las últimas décadas de su propia riqueza debido al extractivismo y sus efectos colaterales, entre ellos la deforestación y la contaminación.

Si bien es cierto que Ecuador tiene una porción diminuta de la Amazonía, apenas un 2-3 por ciento del total, su importancia radica en que es "la región más biodiversa" de la cuenca, aseguró a Efe Natalia Greene, presidenta de la Coordinadora de Organizaciones para la Defensa de la Naturaleza y Medio Ambiente (Cedenma).

Una biodiversidad que se ve amenazada entre otros factores por la explotación petrolera, y que ahora podría expandirse también a la minería.

La también secretaria del Tribunal Internacional por los derechos de la naturaleza, una suerte de instancia ética, lamentó en ese sentido que el Gobierno de Lenín Moreno aliente una política de: "se nos acaba el petróleo (y) entonces ahora la gran panacea es la minería".

"(La minería) es aún peor y tiene afectaciones mucho más graves, especialmente para los sistemas hídricos", advirtió la activista sobre una industria que Ecuador desarrolla para paliar su falta de liquidez financiera.


Compuesta por seis de las 24 provincias del país, que ocupan alrededor del 40 por ciento del territorio nacional, en cuatro de ellas -Sucumbíos, Orellana, Napo y Pastaza- hay extractivismo, a decir del número dos de la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (Coica), Tintiak Katan.

Las petroleras, indicó, han afectado de forma directa entre 500 y 600 hectáreas, e indirectamente impulsado la colonización, deforestación y contaminación de fuentes de agua, entre otros.

Miembros de los pueblos indígenas, principales custodios de las tierras amazónicas, realizan desde este miércoles una serie de plantones ante organismos de Gobierno para exigir a las autoridades que cumplan con la legislación local e internacional que protege sus derechos y los de la naturaleza.

Ataviados con penachos, cintos de paja, collares de semillas, de huesos, y lanzas en mano, decenas de hombres y mujeres con sus caras pintadas, en su mayoría de la nacionalidad amazónica waorani, participaron en la concentración ante la Asamblea Nacional en Quito, en la que entonaron en sus lenguas originarias cánticos "por la defensa del territorio".

"Queremos reivindicar una vez más nuestra posición como nacionalidades de la región de la Amazonía ecuatoriana, nuestra lucha", expresó a Efe el presidente de la Confederación de Nacionalidades Indígenas de la Amazonía Ecuatoriana (Confeniae), Marlon Vargas.

Ecuador, donde este jueves seguían las protestas ante otros organismos, es el único país del planeta que reconoce en su Constitución los derechos de la naturaleza, flora y fauna, pero son las propias acciones del Gobierno las que más le perjudican.

Un hecho que, Greene cree, hace "muy vulnerable" a una región de la que se conoce apenas "el 5 por ciento de la biodiversidad".

Los pueblos indígenas han lanzado en los últimos años una serie de acciones judiciales, y en casos puntuales han logrado frenar proyectos petroleros.

Es el caso de la sentencia en abril pasado de una corte provincial de Pastaza, en la región nororiental, ante un recurso de protección presentado por el pueblo waorani en contra de una licitación petrolífera.

El dictamen dispuso que debía repetirse una consulta a los habitantes de esa comunidad originaria conforme a estándares internacionales.

Porque más allá del daño ecológico, está el impacto para los pueblos indígenas, que ven reducidas sus fuentes de alimentación, acceso a agua potable, y hasta contaminación.

Situada al este de la cordillera de los Andes, la región amazónica ecuatoriana se ve afectada además por una tasa de deforestación "enormemente superior a la de Brasil", con una relación de 0,7 frente al 0,2 del gigante de Suramérica.

Así lo aseguró Carlos Larrea Maldonado, coordinador del programa de cambio climático y sustentabilidad de la Universidad Andina Simón Bolívar, al criticar abiertamente las políticas de su país como "poco eficientes" y asegurar que han conducido a que la deforestación afecte a entre un 15 y un 20 por ciento de la Amazonía.

Larrea coincide con que este fenómeno se produce por la ampliación de la frontera petrolera, incluido en el Parque Nacional Yasuní, catalogado "como el lugar más biodiverso del planeta", pero también por colonos pobres que buscan sustento y aprovechan la apertura de carreteras para ir reasentándose.

"Una hectárea de la amazonía ecuatoriana en términos de biodiversidad y riqueza vale muchísimo más que una hectárea brasileña", consideró el experto, que habló en términos de "crimen contra la humanidad" por no proteger debidamente el que es -dijo- "el pulmón del planeta".  

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