Francisco Rivera y Lourdes Montes presentan a su hijo Francisco en sociedad

La pareja formada por el torero Francisco Rivera y la diseñadora Lourdes Montes ha abandonado en la mañana de este viernes el hospital madrileño en el que, el pasado miércoles, llegaba al mundo el segundo retoño de su idílico matrimonio: un varón al que han llamado Francisco y que, como han revelado ellos mismos durante los escasos minutos que han pasado con los periodistas antes de regresar a casa, ha pesado tres kilos y doscientos gramos al nacer.

Los dos enamorados han posado ante los medios con amplias sonrisas que dejaban patente la felicidad y la ilusión que les invade inmersos como están ya en su segunda experiencia compartida en la paternidad. El diestro y la radiante mamá ya eran padres de la pequeña Carmen, de tres años, y Francisco también tiene a la joven Cayetana (19) junto a su exmujer Eugenia Martínez de Irujo.

"Carmen ya ha conocido a su hermanito y está como loca", reveló el primogénito de los fallecidos Paquirri y Carmina Ordóñez en la breve conversación que ha mantenido con los reporteros congregados en las inmediaciones del centro médico. "La verdad es que estamos muy contentos porque ha salido todo muy bien. Estamos felices. Imagínate. Lourdes está muy bien, fenomenal, gracias a Dios", explicaba ayer jueves el torero en una primera toma de contacto con la prensa.

Poco antes de que Francisco y Lourdes recibieran su particular -y sin duda el mejor y más esperado- regalo de Reyes, el matador se dirigía directamente a sus seguidores de las redes sociales para desahogarse con ellos sobre los sentimientos encontrados que experimentaba en las horas previas al parto, entre las que destacaban la comprensible alegría ante lo que iba a acontecer y, por supuesto, esa mezcla de impaciencia y nerviosismo que siempre precede a la llegada de un hijo.

"Ya mismo vamos a ser uno más", escribía orgulloso Francisco en su perfil de Instagram este mismo miércoles, un mensaje que acompañaba de una imagen en la que aparecía ataviado con la mascarilla y el uniforme verde que le habría proporcionado el hospital para que pudiera ser testigo directo del milagro de la vida.