El calvario detrás de la obra maestra de Guillermo del Toro

Tras una larga carrera en la meca del cine que comenzó en 1997 con el filme de terror 'Mimic', una experiencia que él mismo ha calificado de terrible por el excesivo control artístico al que se vio sometido por parte de los hermanos Weinstein, ha sido una de las películas más personales de Guillermo del Toro, 'La forma del agua', la que por fin le ha consagrado ante la crítica y el público estadounidense y, sobre todo, la que le ha reportado sus primeras nominaciones a los Óscar en una década.

El próximo 4 de marzo el mexicano acudirá a la gala de los premios de la Academia de Cine con 13 candidaturas en las categorías principales, solo una por detrás del récord establecido por 'Eva al desnudo', 'Titanic' y 'La La Land', un triunfo ya en sí mismo que sin duda sirve para compensar de alguna forma los quebraderos de cabeza que le ha reportado su último filme."Fue un rodaje horrible, a nivel logístico. Artísticamente fue maravilloso; los actores como tal, los cámaras, los sets... todo era precioso. Pero íbamos con retraso todos los días, nos quedábamos sin tiempo, y sin dinero", ha recordado el realizado en una entrevista al portal especializado Den of Geek, revelando los extremos hasta los que sus colaboradores y él tuvieron que llegar para exprimir al máximo su exiguo presupuesto.

"Si en el set de una secuencia no necesitábamos más de dos paredes, montábamos solo dos. Nos limitamos a lo imprescindible. Tratábamos de sacar el máximo partido en todo momento, hasta el punto de que solo teníamos un Cadillac. Lo normal es contar con dos vehículos y así, si estrellas o dañas uno, todavía dispones de otro; pero nosotros no teníamos esa posibilidad. Nos dimos cuenta de que si queríamos grabar una colisión con el Cadillac, entonces tendríamos que rodar en orden porque no nos quedaba dinero para reparar el coche".

El resultado final de todos sus esfuerzos ha sido una historia de amor con monstruo incluido -aunque no en su forma habitual- que ha acabado suponiendo un giro al pesimismo habitual de su autor. "Se trata de celebrar las imperfecciones, celebrar la 'otredad' y el hecho de que podamos enamorarnos de la otra persona. No trata tanto de la tolerancia como del amor, pero se trata de una películas muy humanista. Celebra la vida, lo cual es algo que generalmente no hago en mis historias", reconoce.

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